La ingenuidad económica de los jóvenes y su incredulidad al conocer a su «socio»..

Quien sea padre me va a entender perfectamente, se va a reconocer en mis palabras, y va a sonreír…

¿Quién de nosotros no se ha encontrado, si sus hijos tienen ya cierta edad y entran, por primera vez, en el mercado laboral, con la cara de incredulidad de estos al percibir su primera nómina?…casi siempre, siempre está esa minoría bien informada, se llevan una sorpresa al comprobar con «estupor» e indignación que cobran aquello que ellos esperaban cobrar,  que les quitan, en base, en muchas ocasiones, bajo conceptos ininteligibles un buen «pellizco» de «su» sueldo….

Y así se produce su «despertar» a la realidad económica de los adultos, una realidad dura, en donde descubren a su  nuevo «socio» de por vida, un socio que le acompañará  de por vida, un «socio» del que tal vez ya habían oído  noticias, aunque, sinceramente, no habían hasta entonces prestado atención, tal vez, como dicen ellos…para no «rayarse»…

Estamos hablando del Estado (como administraciones: Estatal, autonómica, Diputación y ayuntamientos) , que en sus diversas vertientes o papeles, va a ocupar, a partir de ese momento, un protagonismo importante y casi omnipresente en nuestras vidas…

Por una parte, será un socio que siempre va a querer estar ahí y participar de tus éxitos, reclamando su parte, en ocasiones de manera, a nuestro parecer desmesurada e incluso abusivas… por ejemplo, llegando a pagar por el impuesto sobre la Renta, si vives en Cataluña hasta un 47% o un 23,5% si vives en Madrid…

Pero es que en ocasiones, el «expolio» de tu socio no se para aquí, si no que, si por ejemplo, si has tenido suerte en la vida (que la suerte en la inmensa mayoría de casos consiste en estudiar y/o trabajar entre 10 y 12 horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año) y consigues acumular un cierto patrimonio, pero tampoco creamos que desmesurados, pues por ejemplo, sobre una vivienda puede llegar a ver una triple imposición anual…que se dice enseguida.

En función de tu patrimonio, una vivienda, por ejemplo, como he dicho puede llegar a tener, o sobre esa vivienda puede llegar a recaer hasta tres tipos de imposición: Impuesto sobre la renta, el Impuesto sobre el patrimonio y, por supuesto el famoso Impuesto sobre Bienes Inmuebles (que en base a su dimensión y ubicación puede llegar a ser elevado…)

Se descubre qué casi por cualquier acto de la vida, directa o indirectamente o de manera  implícita o explicita pagamos uno o varios impuestos…hay que pagar por todo a nuestro «socio», una y otra vez, casi de manera inmisericorde no nos deja pasar una, así por ejemplo,  la gasolina, a parte de pagar el IVA como impuesto indirecto, lleva implícito además, 58% de su importe como impuesto y solo un 42% es propiamente gasolina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba